Entonces le pregunté ¿por qué hay sufrimiento en el mundo? ¿por qué el mal sigue haciendo de las suyas? Con melancolía me hizo ver que el mundo también debía pasar por Getsemaní y seguir el camino de la Cruz para ser redimidos. Esa melancolía se tornó en esperanza y alegría porque me mostró que la alegría del Cielo es más fuerte que toda la tristeza del mundo y será para quienes lleguemos con Él hasta la Cruz porque no hay Resurrección sin Cruz.
Finalmente me quedé tranquilo y confiado con mi crucifijo en el cuello.
Finalmente me quedé tranquilo y confiado con mi crucifijo en el cuello.